Mostrando entradas con la etiqueta REFLEXIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REFLEXIONES. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de junio de 2017

IRRADIAR LA PROPIA LUZ


Irradiar la propia luz



“Si puedes ser una estrella en el cielo, sé una estrella en el cielo. Si no puedes ser una estrella en el cielo, sé una hoguera en la montaña. Si no puedes ser una hoguera en la montaña, sé una lámpara en tu casa”. El Señor te ha regalado la luz de la fe para iluminar a tu alrededor, con el ejemplo y con la palabra. La Reina de la Paz te anima a irradiar tu amor y tu fe con decisión.

“¡Queridos hijos! En sus vidas, todos ustedes han experimentado momentos de luz y de tinieblas. Dios concede a cada hombre reconocer el bien y el mal. Yo los invito a llevar la luz a todos los hombres que viven en tinieblas. Cada día llegan a sus casas personas que están en tinieblas. Queridos hijos, dénles ustedes la luz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

Cuando das un buen ejemplo o dices una buena palabra, algo comienza a pasar. Es como tirar una piedra en un lago tranquilo. Pequeñas ondas van generando círculos concéntricos hasta morir en las playas. Conviene que lo pienses para animarte a irradiar tu propia luz. Tendrás el mérito de haber alentado a otros por el camino correcto.


* Enviado por el P. Natalio

domingo, 25 de junio de 2017

TEMOR O CONFIANZA


Temor o confianza
Hoy en día los sentimientos de temor o impotencia contra los oscuros riesgos y amenazas de la vida son más grandes que nunca y nos acompañan a cada paso.


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer 




Mateo 10, 26-33
«No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. «Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

Reflexión
Tres veces Jesús exhorta, en este Evangelio, a sus discípulos: “no temáis”. Y no queda duda, de que dirige esta exhortación hoy también a todos nosotros: “no temáis”.

El Señor lo sabe y nosotros lo experimentamos siempre de nuevo que el temor es un sentimiento primario del hombre. A la existencia humana están apegados el desamparo y la inseguridad y, por consiguiente, la angustia y el miedo, ya sea escondido o manifiesto, ya sea consciente o no.

Las angustias del mundo de hoy.
Y hoy en día los sentimientos de temor o impotencia contra los oscuros riesgos y amenazas de la vida son más grandes que nunca y nos acompañan a cada paso. Nos angustiamos por la situación económico social de nuestra patria. Por el futuro político de nuestro pueblo. Los padres se inquietan por el porvenir de sus hijos y de su familia. Los ancianos y jubilados se preocupan de su pan de cada día. Muchos tienen miedo de los demás, no sólo de asaltantes y malhechores, sino también de vecinos o parientes, e incluso tienen miedo de Dios. Y, por último, todos tenemos temor a la muerte.

¿Por qué tanta desconfianza y miedo? ¿Cuál es el sentido de la inseguridad y de la angustia que sufrimos en el mundo actual?

Una verdad conocida, que olvidamos en el trajín de nuestra vida, nos revela que la seguridad y el cobijamiento no podemos encontrarlos en este mundo, debemos buscarlos en el otro mundo, debemos buscarlos en Dios. El temor extraordinario de hoy – en su valor positivo – nos lleva a buscar la ayuda de Dios. Esto es lo que el Padre del cielo quiere decirnos por medio de nuestra situación difícil:

Buscad tranquilidad, amparo y cobijamiento en mí, en mis manos bondadosas, en mi corazón paternal.



Porque Dios no se preocupa solamente del mundo en general, ni de un pueblo determinado, sino que también – impulsado por una profunda paternidad – vela por cada individuo. Frecuentemente recalca Jesús que el Padre se preocupa de cada uno personalmente, incluso hasta de sus pequeñeces más insignificantes.

“¿Acaso no se vende un par de gorriones por unas monedas? Y sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.

Aquel que cuida de las aves del cielo, cuánto más se preocupará por cada ser humano, cuánto más amará, con su cariño paternal, a todos sus hijos.

Por eso, si Dios está conmigo, no puedo tener miedo. Al contrario, mi preocupación más grande debería ser: estar despreocupado en cada momento, no por negligencia, sino porque confío en Dios. Es más fuerte siempre aquel que tiene a Dios por aliado.

Todos debemos llegar a ser héroes de la confianza.
Sin esa confianza filial, hoy es imposible permanecer firme y victorioso en medio de las tormentas de este mundo. No se puede dominar la vida actual, ninguno de nosotros podrá hacerlo, si Dios no está a nuestro lado.

Pensemos en la tormenta sobre el lago. Es algo extraño: los apóstoles en la barca son maestros en el dominio del mar. Además, Jesús está con ellos. Y si embargo se angustian y se desesperan y tienen que despertar al Señor, para que los salve.

Entonces, si tenemos esa confianza profunda en Dios, venceremos el temor y la inseguridad de este mundo. Si aceptamos filialmente la voluntad del Padre, en horas agradables y en horas difíciles, dando así testimonio valiente de Cristo, entonces Él nos recibirá un día en la casa del Padre.

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

NUESTROS MIEDOS


NUESTROS MIEDOS


Cuando nuestro corazón no está habitado por un amor fuerte o una fe firme, fácilmente queda nuestra vida a merced de nuestros miedos. A veces es el miedo a perder prestigio, seguridad, comodidad o bienestar lo que nos detiene al tomar las decisiones. No nos atrevemos a arriesgar nuestra posición social, nuestro dinero o nuestra pequeña felicidad.

Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.

Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.

La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.

La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: «No tengáis miedo», no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.



Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mt 10,26-33

sábado, 24 de junio de 2017

POR LAS PERSONAS QUE QUIERO


Por las personas que quiero



El Señor quiere que vivas en paz. Es un valor fundamental que debes defender cada día de cualquier cosa que la perturbe. Especialmente del temor por el bien de tus seres queridos. Son pensamientos que asaltan y generan imágenes de peligros, atentados, desastres… Libérate de estas ansiedades dejando al cuidado del Señor estas personas. Y dile, “Jesús, yo confío en ti”.

Aquí estoy otra vez ante ti, Dios mío, para pedirte por las personas que quiero. A veces pierdo la paz cuando me preocupo por ello y temo por lo que les pueda pasar. Pero es imposible tener todo bajo control. Por eso te ruego que mires sus dificultades, que los ayudes y acompañes. Señor, muéstrales el camino para que vivan en paz y tengan la verdadera vida. Los dejo en tus brazos y me quedo sereno, porque allí en tus brazos ellos están seguros y todas sus preocupaciones tendrán un buen fin. Tómalos, Señor, y no los abandones nunca. Amén.

Hay en los salmos invocaciones apropiadas para pedir protección al Señor: “Guárdame, Señor, como a las niñas de tus ojos; a la sombra de tus alas, escóndeme”, (S. 16). “Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo, mi alcázar, mi libertador” (S. 17). Suplicar al Señor, te hará crecer en confianza y humildad, dos virtudes muy sólidas. El Señor te bendiga.


* Enviado por el P. Natalio

viernes, 23 de junio de 2017

VITAMINAS PARA EL ALMA


Vitaminas para el alma



Cuando las horas de desaliento te invadan el alma, y las lágrimas afloren en tus ojos, búscame: Yo soy aquél que sabe consolarte y pronto detiene tus lágrimas.

Cuando desaparezca tu ánimo para luchar en las dificultades de la vida, o sientas que estas pronto a desfallecer, llámame: Yo soy la fuerza capaz de remover las piedras de tu camino y sobreponerte a las adversidades del mundo.

Cuando, sin clemencia, te encontraras sin donde reclinar tu cabeza, corre junto a mí: Yo soy el refugio, en cuyo seno encontrarás guarida para tu cuerpo y tranquilidad para tu espíritu.

Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu, invócame: Yo soy la paciencia que te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles.

Cuando te debatas en los misterios de la vida y tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino, grita por mí: Yo soy el bálsamo que cicatrizará tus heridas y aliviará tus padecimientos.

Cuando el mundo sólo te haga falsas promesas y creas que ya nadie puede inspirarte confianza, ven a mí: Yo soy la sinceridad, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas.

Cuando la tristeza o la melancolía intenten albergarse en tu corazón, clama por mí: Yo soy la alegría que te infunde un aliento nuevo y te hará conocer los encantos de tu mundo interior.

Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado, apela a mí: Yo soy la esperanza que te robustece la Fe.

Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano, aclámame: Yo soy el perdón, que te levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma.

Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo te aborde el alma, recurre a mí: Yo soy la fe que te inunda de luz y de entendimiento para que alcances la felicidad.

Cuando ya nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes, aproxímate a mí: Yo soy la renuncia que te enseñará a entender la ingratitud de los hombres y la incomprensión del mundo.

Y cuando al fin, quieras saber quién soy, pregúntale al río que murmura, al pájaro que canta, a las estrellas que titilan. Yo soy la dinámica de la vida, y la armonía de la naturaleza.

Me llamo Amor. Soy el remedio para todos los males que atormenten tu espíritu.

Ven a mí... que yo te llevaré a las serenas mansiones del infinito... bajo las luces brillantes de la eternidad...

Jesucristo

domingo, 18 de junio de 2017

PARA QUERERTE MEJOR


Para quererte mejor…



Durante muchos años, yo fui mi peor enemigo. Me rodeé de gente tóxica, adopté hábitos poco saludables, y me comporté como si nada de eso tuviera ninguna consecuencia. Pero no se imaginan lo equivocado que estaba. He hecho algunos cambios en mi vida y mi comportamiento, y los resultados fueron sencillamente sorprendentes. Ahora quiero compartir estos cambios contigo, para que también transformen tu vida.

1. No te juntes con las personas equivocadas
Las personas que te hacen sentir que tu tiempo no vale o que siempre estás por debajo de ellos, no son personas que realmente merezcan tu tiempo y tu amistad.  Los verdaderos amigos son aquellos que siempre tratan de estar allí para ti, y te aprecian por lo que eres.

2. Deja de evitar tus problemas
Puede que esto sea lo más fácil de hacer a corto plazo, pero a largo plazo, lo único que harás será enfrentarte a ellos una y otra vez. Es mejor hacerle frente a cada dificultad. Es probable que no vayas a resolver tus problemas al instante, pero el proceso es lo que cuenta: aprende de tus errores, adáptate y crece. Con el tiempo, eso te hará una persona mejor y más fuerte.

3. No te mientas a ti mismo
La honestidad es la mejor política, y ser honesto con uno mismo es la parte más importante de esta política. Cuando te mientes, en tu interior sabrás que está mintiendo, por lo que no tiene sentido y vas a tener la imagen de que no eres una persona sincera. ¡No lo hagas!

4. No ignores tus propias necesidades
Es posible que desees estar siempre disponible para todos sus amigos, pero debes pensar en ti en primer lugar. Si suprimes tus necesidades y te las niegas, te convertirás en una persona aburrida, amargada e infeliz, lo que no te ayudará en la relación que tienes contigo mismo ni con los demás. 

5. Sé tú mismo
Tratar de ser alguien más es una tarea dura, y en última instancia siempre vivirás con el miedo a que los demás se enteren. Las relaciones más gratificantes se dan con aquellas personas que te aprecian por lo que eres, no por quién desean que seas.

6. Deja de lado el pasado
El pasado no se puede cambiar, por lo que debemos aceptarlo, aprender de él y seguir adelante. Darle vueltas una y otra vez a las cosas que hemos hecho mal, no las cambiará ni las borrará. Al contrario, lo único que lograrás es perder tiempo y energía. Los errores del pasado se han ido. Puedes escoger aprender de ellos y seguir, o quedarte sumergido en lo que pudo ser y no fue. ¿Cuál vas a escoger?

7. Puedes cometer errores
"Errar es humano, perdonar es divino". Todos cometemos errores, nadie es perfecto (Sólo Dios). Muchas personas tienen miedo de cometer errores y se dejan paralizar por el miedo, pero ¿sabes cuántas cosas podemos perder por culpa de él?

8. El dinero no puede comprar la felicidad
Un nuevo televisor, un carro moderno, y unos pendientes de diamantes puede que te hagan feliz durante unos minutos, unos días o incluso un par de años, pero la verdadera felicidad viene de dentro. Sigue tus buenas pasiones y disfruta de una vida que te haga realmente feliz.

9. La felicidad está en ti, no en otras personas
Muchas personas están en la misma búsqueda de la felicidad que tú. Pero cada quien tiene el poder de encontrar la suya propia.

10. Puedes encontrar piedras en tu camino
Los problemas y miedos pueden paralizarte y dejarte atascado por momentos. Pero también te ayudarán a continuar.

11. No espere a que llegue ''el momento perfecto''
La vida siempre va a encontrar la manera de sorprenderte. Las oportunidades surgen cuando menos las esperas. Nunca estarás 100% listo para algo, porque siempre vas a esperar a que llegue otro momento mejor, pero no dejes que esta sensación te detenga. Cuando la oportunidad llame a tu puerta ábrele. ¡Sal de tu zona de confort!

12. La vida no es una competencia
Deja de compararte con otras personas. Siempre habrá alguien más guapo, más inteligente, más rico o más talento que tú. Nadie es perfecto, incluido tú. Busca tu propio éxito sin pasar por encima de los demás ni creerte más que nadie.

© Todomail

martes, 13 de junio de 2017

ALABEMOS A DIOS


Alabemos a Dios



Te ofrezco hoy un himno de vibrante sonoridad y perfecto ritmo. Es un hermoso poema que nos invita a comenzar el día con alabanzas y súplicas a un Dios que salva y conforta, ayuda y consuela.

Alabemos a Dios que, en su Palabra, nos revela el designio salvador, y digamos en súplica confiada: «Renuévame por dentro, mi Señor.»

No cerremos el alma a su llamada ni dejemos que arraigue el desamor; aunque dura es la lucha, su palabra será bálsamo suave en el dolor.

Caminemos los días de esta vida como tiempo de Dios y de oración; él es fiel a la alianza prometida: «Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»

Tú dijiste, Jesús, que eras camino para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu que nos lleve al encuentro del Señor..

Me impresionó la súplica, “Renuévame por dentro, mi Señor”, resonancia del salmo 51 que dice: “¡Oh Dios, crea en mi un corazón puro, y renuévame por dentro con espíritu firme”. El salmo 51 es el mejor de los salmos penitenciales: cánticos adecuados para expresar al Señor nuestro sincero arrepentimiento. Profundiza, repitiéndola, la frase que más te conmovió.


* Enviado por el P. Natalio

lunes, 12 de junio de 2017

EL TAPIZ MARAVILLOSO




EL TAPIZ MARAVILLOSO




Un buen hombre recibió una carta de un amigo. Le comunicaba que le iba a regalar un hermoso tapiz. Era precioso, le decía, y hacía los mayores elogios del tapiz precioso que iba a recibir todo él bordado en oro, representaba primorosamente unas escenas bellísimas de cacería, los colores estaban perfectamente conseguidos. Su valor, en una palabra, era incalculable.

A los pocos días llamaron a su puerta para entregarle el tapiz.
Lo desembaló a toda prisa, y al verlo, no pudo menos de sentirse defraudado. Aquello no era sino un montón de hilos mal distribuidos sin formar dibujo alguno inteligible. Aquí y allá se veían nudos empalmados de cualquier manera.

 Por ningún sitio veía aquellas maravillosas escenas de cacería de que le había hablado. ¿No será fruto de la imaginación de mi amigo?, llegó a pensar. ¡Tantos elogios para tan poca cosa!
De repente, y casi sin advertirlo, dio la vuelta al regalo y respiró aliviado. Desgraciadamente, lo había estado mirando del revés. Ahora sí pudo admirar los riquísimos matices de los colores, las bellas escenas representadas... En fin, le pareció que su amigo se había quedado corto en las alabanzas.

Así nos ocurre a nosotros con el dolor. Depende de por dónde lo miremos. Mirado de un lado nos parece un sinsentido, un absurdo. Visto desde los ojos de Dios puede convertirse en una ocasión maravillosa para encontrarnos con lo mejor de nosotros mismos, con los demás y con el mismo Dios.


sábado, 10 de junio de 2017

EL POZO DE AGUA


El pozo de agua


Conocerme a mí mismo es llave de sabiduría, porque desde mi realidad personal puedo crecer y superarme. Epitecto, filósofo griego, escribió: “La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos, la cosa más fácil, hablar mal de los demás”. Conocerte es encontrarte con tu realidad: límites y fortalezas. Ten un tiempo para evaluarte serenamente.

Un hombre se acercó a un monje y le preguntó: — ¿Qué es lo que aprendes en tu vida de silencio? El monje estaba sacando agua de un pozo y dijo al visitante: — Mira allá abajo, en el fondo del pozo. ¿Qué ves? El hombre miró no vio nada. — No veo nada, dijo. Después de un tiempo en que el monje estuvo absolutamente quieto, el monje dijo de nuevo al visitante: — Mira ahora. ¿Qué ves en el pozo? El hombre obedeció y respondió: — Ahora me veo a mí mismo: el agua es mi espejo. El monje le dijo: — Ves, cuando sumerjo el cubo, el agua se agita; ahora, en cambio, el agua está tranquila. Esta es la experiencia del silencio: el hombre se ve a sí mismo.

Conocer tus fortalezas y debilidades, está en la base del crecimiento armónico como persona. Con un ojo en tus virtudes para conservarlas y darles brillo, y con el otro ojo en tus debilidades para neutralizarlas, afronta con esperanza esa labor cotidiana de realizar el proyecto de Dios sobre tu vida. Para eso busca un tiempo de silencio y reflexión.


* Enviado por el P. Natalio

viernes, 9 de junio de 2017

EL ANILLO


El anillo



- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante  tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le dijo:
- Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...- y haciendo una pausa agregó: - si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

 - … Encantado, maestro -titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado, y sus necesidades postergadas.

- Bien, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó:
- Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de  una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El  joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con  algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda  de oro y rechazó la  oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se  cruzaba en el mercado, más de cien personas, abatido por su fracaso montó su caballo y regresó. ¡Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!  Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.
- Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda  engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-  Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo

- ¡¡¡58 MONEDAS!!! Exclamó el joven.

- Sí, -replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé...si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como este anillo: una  joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede revaluarte verdaderamente un  experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Todos somos  como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida  pretendiendo que gente inexperta nos valore.

jueves, 8 de junio de 2017

REGALO DE BODAS


Regalo de bodas



No es común captar la fuerza transformadora que tiene el sacrificio generoso para ayudarnos a crecer espiritualmente. El motivo es simple: porque nos ayuda a vencer nuestro egoísmo, el mayor obstáculo que impide amar de verdad. Una anécdota para ejemplificarlo.

Narró la Madre Teresa de Calcuta que una vez dos jóvenes fueron a verla y donaron mucho dinero para dar de comer a la gente. Ella en Calcuta daba de comer a nueve mil personas al día. Querían que el dinero se destinara para alimentar a esta gente. Cuando les preguntó de dónde sacaron tanto dinero, ellos le respondieron: “Nos acabamos de casar hace dos días. Antes de la boda, decidimos que no compraríamos trajes para la ceremonia ni para la fiesta. Queremos darles a ustedes el dinero”. Para un hindú de clase alta esto es un escándalo. Después les preguntó: “¿Por qué lo han hecho?”. Ésta fue la extraña respuesta que le dieron: “Nos amamos tanto que queríamos dar algo a otros para comenzar nuestra vida en común con un sacrificio”. Madre Teresa comentaba: “Me impresionó mucho el constatar cómo estas personas estaban hambrientas de Dios”.

Cada uno tiene algo para dar. Dinero, talento, tiempo o una simple oración. La generosidad es una virtud que nos eleva y nos pone en sintonía con nuestra semejanza divina. ”Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: «El que sirve». Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, o a tu madre?”.  


* Enviado por el P. Natalio

martes, 6 de junio de 2017

OBRAS DE MISERICORDIA


Obras de misericordia



En todo momento y en cualquier circunstancia de la vida estoy en condiciones de amar e imitar a Cristo, el humilde servidor del Padre y de los hombres. El modelo humano que me ofrece Jesús, y que él realizó plenamente, es el de servidor decidido de quien necesita ayuda. “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir”. Lee este mensaje mariano.

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a hacer obras de misericordia con amor y por amor a mí y a sus hermanos y hermanas que también son mis hijos. Queridos hijos, todo lo que hagan por los demás háganlo con gran gozo y humildad ante Dios. Yo estoy con ustedes y día a día ofrezco sus sacrificios y oraciones a Dios por la salvación del mundo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

Ayudar y servir son dos expresiones concretas de un amor que se brinda generosamente a los demás. De este olvido de mí mismo, surgirá como por magia, mi propia felicidad y alegría, mi auténtica realización. “Dormí y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi  que la vida era servicio. Y, en el servicio,  encontré la alegría” (Tagore). ¡Siempre listo para servir!


* Enviado por el P. Natalio

lunes, 5 de junio de 2017

DETRÁS DE UNA MONEDA


Detrás de una moneda



El egoísmo atrofia al hombre, que sólo en la donación generosa a los demás encuentra su madurez y plenitud. Si te preocupas demasiado por ti mismo y tu propio entorno, si vives para acumular dinero y comodidades, no te quedará tiempo para los demás. Si no vives para los demás, la vida carecerá de sentido para ti, porque la vida sin amor no vale nada.

Conversaba un hombre rico y alejado de la fe con un sacerdote, que no era otro que el futuro Cardenal Newman, ya convertido del anglicanismo a Roma. El rico se ufanaba de sus riquezas y de su indiferencia religiosa. Newman tomó una hoja de papel y escribió: «Dios».


— ¿Ve lo que he escrito en la hoja? El avaro contestó afirmativamente. Entonces el sacerdote tomó una moneda de oro, la acomodó sobre la palabra escrita y preguntó de nuevo:
— ¿Ve usted ahora lo que he escrito hace un momento?
— No, ahora sólo veo el dinero.
— En efecto, la riqueza ciega, impide ver a Dios, ¿no le parece?


Cada día puedes ser generoso en acciones pequeñas. Este propósito abre el corazón poco a poco, y descubres admirado que nunca pierdes. Por el contrario te fortaleces y puedes superar el temor de ser vulnerable. Practicar la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se da, más se fortalece. Recuerda que Jesús dijo: “Hay más alegría en dar que en recibir”.


* Enviado por el P. Natalio

jueves, 1 de junio de 2017

NECESITABA UN ABRAZO


¡NECESITABA UN ABRAZO!



Hace veinte años, yo trabajaba como taxista para subsistir. Lo hacía en el turno de la noche y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se subían, se sentaban detrás de mí en total anonimato, y me contaban acerca de sus vidas. Encontré personas cuyas vidas me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me deprimían. Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto. 

Respondí a una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad. Asumí que recogería a algunos saliendo de una fiesta o un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad. Cuando llegué a las 2:30 am el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del primer piso. Aunque la situación se veía peligrosa, yo siempre iba hacia la puerta. Este pasajero debe ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí. 

Por lo tanto caminé hacia la puerta y toqué... "un minuto" respondió una frágil voz. Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso, después de una larga pausa, la puerta se abrió. 
Una pequeña mujer de unos ochenta años se paró enfrente de mí. Ella llevaba puesto un vestido floreado, y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40. A su lado, una pequeña maleta de nylon. El apartamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años. Todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, ninguna baratija o utensilio. En la esquina había una caja de cartón llena de fotos y una vajilla de cristal. La señora repetía su agradecimiento por mi gentileza.
- "No es nada", le dije. "Yo sólo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada". 
- "Oh, estoy segura de que es un buen hijo", dijo ella. Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó: - "¿Podría llevarme a través del centro?".
- "Ese no es el camino más corto", le respondí rápidamente.
- "Oh, no importa", dijo ella, "No tengo prisa, voy camino del asilo". La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos. 
- "No tengo familia"- ella continuó, "el doctor dice que no me queda mucho tiempo". Tranquilamente estiré mi brazo y apagué el taxímetro.
- "¿Qué ruta le gustaría que tomara?", le pregunté. Por las siguientes dos horas, conduje  a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Me dirigí hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando ellos eran recién casados. Ella me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era joven. Algunas veces me pedía que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular o una esquina y veía en la oscuridad, y no decía nada. Con el primer rayo de sol apareciéndose en el horizonte, ella repentinamente dijo:
- "Estoy cansada, vámonos ahora". 

Me dirigí en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico. 
Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Debían haber estado esperándola. Yo abrí la cajuela y dejé la pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas.
- "¿Cuánto le debo?", ella preguntó, buscando en su bolsa.
- "Nada", le dije.
- "Tienes que vivir de algo", ella respondió.
- "Habrá otros pasajeros", yo respondí. Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza, y dijo:
- "¡¡¡Necesitaba un abrazo!!!".

Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana. Atrás de mí una puerta se cerró, fue un sonido de una vida concluída. No recogí a ningún pasajero en ese turno, vagué sin rumbo por el resto del día. No podía hablar, ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si hubiera rehusado a atender la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera ido? . En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida. Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán que sólo son pequeños momentos. La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tú hiciste o lo que dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir.

miércoles, 31 de mayo de 2017

DIOS ES FIEL A SU AMOR

La imagen puede contener: 14 personas, personas de pie
Dios es fiel a su amor


iDios está enfermo! La enfermedad de Dios es su amor por el hombre. Esta enfermedad, en Dios, es incurable. Frente a los rechazos e infidelidades, Dios no retira, ni siquiera atenúa su amor, lo multiplica. Amigo/a, este mensaje bíblico, sobre el amor eterno de Dios, es la verdad clave de nuestra fe.

El hombre salvado por Dios debe, libremente, aceptar esta salvación. Dios no nos salva “por decreto de necesidad y urgencia”. En nuestras manos está admitir o rehusar la sangre salvadora de Jesús, y obrar en consecuencia. El sol allí está para iluminar, calentar, dar vida. Nosotros podemos permanecer encerrados en una habitación con las ventanas clausuradas. Para que se inunde nuestra vida de la luz de la verdad y el calor del amor de Dios, hay que abrir las ventanas de la mente y el corazón (Aportes para la Celebración).

Con todo, el hombre se niega, rechaza, se resiste. Aun así, Dios da siempre más. Dios se juega entero. Dios está enfermo, loco de amor. Dios es fiel a su amor. El evangelio es terminante: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él tenga la vida eterna”. Abre tu corazón y acepta el amor del Señor.


* Enviado por el P. Natalio

lunes, 29 de mayo de 2017

UN GOL MÁS IMPORTANTE


EL GOL MÁS IMPORTANTE




Miguel era un muchacho a quien le gustaba mucho el fútbol. De hecho, pertenecía a un club muy popular en su barrio. Siempre que su equipo jugaba se veía al padre de Miguel en las tribunas, alentando al equipo de su hijo.

Sin embargo, había un detalle: el entrenador nunca consideraba a Miguel como titular y las pocas veces que lo hacía saltar al campo, él jugaba con desgana y mal. A pesar de eso, Miguel siempre iba acompañado de su padre a los partidos y siempre se veía a su padre como el más entusiasta de los hinchas.

Sucedió que un día antes del partido más importante de esa temporada, el padre de Miguel cayó enfermo y no pudo asistir. El día del encuentro, ya en los vestuarios y mientras los jugadores se preparaban para el partido, el entrenador recibió una llamada. La noticia recibida le puso un rostro de consternación. Al terminar, se dirigió hacia Miguel lentamente. Necesito hablar contigo un momento, le dijo.
Miguel, la llamada que acabo de recibir era de la clínica donde está internado tu padre. Hace una hora entró en coma cerebral y me acaban de decir que ha muerto en brazos de tu madre…
Al escuchar esto Miguel se puso a llorar desconsoladamente.
Tienes que ser fuerte muchacho, le decía el entrenador.
De pronto, retirando las manos del rostro, con voz serena y lágrimas en los ojos, pero con una gran determinación, Miguel le dijo al entrenador:
-Quiero jugar este partido. Quiero que me deje jugar, aunque sea unos minutos.
Sorprendido, el entrenador no podía creer que después de darle una noticia tan terrible, el muchacho tuviese ánimos para jugar. Lo pensó por un momento, y diciendo para sus adentros que jugando unos minutos no afectaría al rendimiento del equipo, le pidió que se cambiara, que jugaría desde el principio, al menos el primer tiempo.
Esa tarde Miguel no falló un pase. Fue una muralla infranqueable. Tan bien jugó que el entrenador lo mantuvo en el campo todo el partido. Incluso el gol que le dio la victoria a su equipo fue obra de Miguel.
Las tribunas enloquecieron coreando su nombre. Fue sin duda, el partido de su vida. Al final del encuentro, y ya cuando todos los jugadores se habían retirado a celebrar el triunfo, el entrenador encontró a Miguel parado en la cancha mirando hacia la tribuna en donde tantas veces se había sentado su padre para animar a su equipo. Al acercársele, notó que el muchacho aunque con lágrimas en los ojos, miraba hacia la tribuna fijamente,
-Miguel, quisiera tener las palabras exactas con las cuales poder reconfortarte en estos momentos. Sé la estrecha relación que tenías con tu padre y creo saber cuánto te ha afectado. Hoy has jugado como nunca te he visto jugar. Y aunque quizás no sea apropiado preguntarte ahora, me gustaría saber por qué quisiste jugar esta tarde, Miguel.
Miguel miró al entrenador y le dijo:
-Mire, muchas veces usted vio a mi padre sentado en la tribuna ¿verdad?
-Sí, siempre venía para animar al equipo aunque supiera que tú no ibas a jugar. 
-No señor –le interrumpió Miguel- Mi padre no sabía que yo no jugaba. Mi padre era ciego, señor.
Unas lágrimas recorrieron nuevamente el rostro del muchacho.
Por eso cuando me tocaba jugar, yo no jugaba bien porque sabía que él, a pesar de estar en la tribuna, no me veía. Yo siempre al final de los partidos le decía que había hecho tal o cual jugada y notaba como se le iluminaba el rostro de satisfacción… Sin embargo, esta tarde yo sí sabía que él me estaba mirando desde el cielo, por eso, yo me esforcé mucho para que el me viera jugar bien.
Gracias señor, gracias por haber permitido que mi padre me viera jugar al fútbol por primera vez….
En ese momento, el muchacho se abrazó fuertemente al entrenador, desahogaron su pena y su dolor. Desde ese día, Miguel no dejó nunca de jugar un partido y siempre que convertía un gol, se acercaba a la tribuna donde se sentaba su padre, mirando y levantando las manos hacia el cielo…

Mira hoy a tu hijo si lo tienes o cuando lo tengas… y nunca dejes de mirarlo… Más que con los ojos, míralo con el corazón…
En el juego de la vida, tú siempre eres titular. Trata siempre de jugar muy bien y jugar limpio en todas las cuestiones de la vida, porque tanto tu Madre Celestial, la Virgen María, como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo te están viendo y amando de corazón. ¡No les defraudes jugando a ser una persona mediocre y desganada!

sábado, 27 de mayo de 2017

EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS


“El árbol de los problemas”



Hoy te ofrezco una anécdota que te ayudará a controlar tus estados de ánimo. El protagonista al regresar de su trabajo realizaba un rito para distanciarse de los problemas sufridos fuera de su hogar. Sabía que no era justo trastornar la serenidad de su familia con las frustraciones de la jornada laboral.

El carpintero contratado para reparar mi granja, finalizaba un duro día de trabajo. Su sierra eléctrica se dañó y perdió tiempo, y ahora su camión no arrancaba. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer su familia. Al dirigirnos a la puerta, se detuvo frente a un arbolito, tocando las ramas con sus manos. Se abrió la puerta y ocurrió un notable cambio. Su bronceada cara estaba llena de sonrisas. Abrazó a dos pequeñines y le dio un beso a su esposa. Después me acompañó al auto. Al pasar junto al árbol, le pregunté sobre lo que había hecho un rato antes. "Oh, ese es el árbol de mis problemas", contestó. "Yo no puedo evitar los problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que los cuelgo en el árbol al volver a casa. Por la mañana los recojo otra vez". "Lo divertido es que al sacarlos, no hay tantos como  la noche anterior".

Quien ha llegado a vivir habitualmente esta norma de conducta es sin duda una persona madura. No es un inestable emocional, ni una persona fría e insensible, ni tampoco una persona inauténtica. Es alguien que sabe controlar sus emociones, con prudencia y firme voluntad. Te auguro un día de paz y serenidad.


* Enviado por el P. Natalio

viernes, 26 de mayo de 2017

CURAR NUESTRO INTERIOR


Curar nuestro interior




Todo ser humano, unos más y otros menos, necesitamos sanación interior, porque todos tenemos heridas internas, muchas veces ocultas, imperceptibles, pero que pueden influir de modo muy negativo nuestro carácter, nuestro comportamiento, nuestras vidas, impidiéndonos:
– Alcanzar la integridad emocional, o sea, vivir una vida emocional equilibrada y relaciones sanas;
– Crecer en santidad.

Nuestra mente es como un iceberg. Un iceberg es una enorme montaña de hielo en el mar, que no parece muy grande, pero en realidad, lo que es grande es la parte que no vemos y que está sumergida. Nuestra mente tiene tres niveles, pero es en el nivel más profundo, el del inconsciente, donde están almacenados los acontecimientos de nuestra vida que nos traumatizaron.

Por no saber lidiar con ellos, los “empujamos” allí como mecanismo de defensa; sin embargo, aún en el inconsciente, pueden influenciar en nuestras actitudes, nuestras decisiones y nuestras relaciones (con Dios, con los demás y con nosotros mismos). Muchas veces intentamos controlar esos recuerdos dolorosos, pero no siempre lo conseguimos, y éstos acaban tomando las riendas de nuestra voluntad, y las consecuencias son desastrosas. Por eso tenemos:
– Explosiones de humor;
– Crisis depresivas;
– Enfermedades psicosomáticas:
– Comportamientos destructivos (alcoholismo, drogas, activismo, problemas en la sexualidad, etc.)

Los efectos son fáciles de reconocer, porque son muchas las personas que viven continuamente en la tristeza y en la angustia; otras se desesperan por cualquier cosa e incluso llegan a intentar el suicidio. Otras son pesimistas, tímidas, miedosas, inseguras, inestables, inquietas, agitadas e insatisfechas. En fin, hay otras que nunca se liberan de los remordimientos de culpas pasadas y creen que Dios ya no las ama. Consideran antes a Dios como a un enemigo, dispuesto a castigarlas. Estas personas también desconfían de las demás, manteniéndose apartadas de todos por arrogancia y desprecio.

Verificamos esas realidades todos los días, incluso en personas que se consideran normales y equilibradas, pero que en verdad son víctimas de desequilibrios emocionales, causados por traumas que, quizás, existen desde hace años.

Están las que toman calmantes. Sin embargo, sólo apartan la tensión por un poco de tiempo, sin erradicar nunca la verdadera causa. Otras ahogan sus angustias en el alcohol, en las drogas o en los placeres de la carne. Pero, pasando el alivio momentáneo, los problemas vuelven con mayor fuerza y, lo que es peor, nos hacen dependientes de las drogas y el vicio. Otras buscan toda clase de diversiones, pero sus males los siguen allá donde vayan.

Estamos presos en las cadenas del pasado y sufrimos:
– Por nuestras imperfecciones;
– Por las imperfecciones de los demás;
– Y nos quedamos cada vez más confusos, bloqueados, tenemos dificultades para relacionarnos con Dios, con los demás, y para creer y para tomar decisiones.

Pero el hombre fue creado por Dios, para Dios y necesita de Dios para alcanzar la felicidad eterna (su fin último). Sólo que todos ponemos nuestras expectativas en los demás, esperamos en los demás, confiamos en los demás, queremos ser amados por los demás, que son tan imperfectos y limitados como nosotros. Acabamos por sentirnos rechazados, angustiados, solos y vacíos.

Muchas veces este proceso sucede de modo sutil, no nos damos cuenta, pero nuestros corazones quedan oscuros y vacíos. Causa un desorden en nuestras relaciones, y los sentimientos que produce generan celos, egoísmo, envidia… Y la raíz de todo está allí, en los primeros días de nuestra vida, en la cuna.

Necesitamos dejarnos guiar por Dios y no por nuestros traumas, angustias y heridas. Jesús es el verdadero Señor y Señor de nuestras vidas, nuestra justificación. Sólo Él tiene poder para penetrar en nuestros recuerdos y transformar las tinieblas en luz (Is 53,4-5).

Pero para que Jesús actúe en nuestras heridas, es necesario que queramos que lo haga. Es necesario un acto de voluntad por nuestra parte para invitarle a que las purifique, las libere. Necesitamos que nos libere para convertirnos en hombres y mujeres nuevos, como estamos llamados a ser.


Fuente: Escola de Formação Shalom

jueves, 25 de mayo de 2017

SI TÚ ME DICES VEN


Si tú me dices ven


La Biblia puede llamarse, entre otros subtítulos, como “El libro de los llamados”. La verdad es que Dios llama e invita al hombre para confiarle “misiones” importantes en orden a la salvación de los demás hombres, y de paso, para la salvación del hombre convocado. Dios llamó a los profetas, a los apóstoles, a personas de todas las condiciones sociales. El poeta Amado Nervo, en una hermosa poesía, expresa esta vivencia.

Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo

que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;

mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome, ¡oh Cristo!, como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar.

Hay llamadas de Dios que exigen un cambio fundamental en la vida, pero otras más sutiles sólo significan una nueva orientación dentro de tus habituales ocupaciones. Lo importante es vivir siempre alerta al Espíritu de Dios que nos hace llegar inspiraciones para vivir una vida más plena y satisfactoria. Te auguro un día en paz.


* Enviado por el P. Natalio

ESPERANZA ANTE LO DIFÍCIL



Esperanza ante lo difícil
Tras la tristeza del Gólgota viene la alegría de la Pascua. Esa es la gran esperanza que tenemos los cristianos que caminamos entre luces y sombras. 


Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net 





La esperanza “sirve” sobre todo cuando el corazón tiene ante sí dificultades y pruebas de importancia.

Lo fácil no es objeto de esperanza, porque sabemos que está a la mano, que se consigue en seguida, que las puertas están abiertas, que el espíritu y el cuerpo tienen la energía necesaria para alcanzar la meta.

Pero cuando vemos el objetivo rodeado de dificultades, cuando tocamos nuestra propia debilidad, cuando percibimos la acción de personas o de circunstancias que hacen difícil y lejano el triunfo, es cuando más necesitamos la virtud de la esperanza.

En la vida humana miles de deseos están acompañados por una auténtica nube de obstáculos. En ocasiones, el modo de pensar “realista” nos lleva a reconocer que es casi imposible dar un paso adelante, que no vale la pena seguir en la lucha por algo inalcanzable. En otras ocasiones, con un mayor esfuerzo, con un poco (o con un mucho de esperanza) seríamos capaces de reavivar la voluntad y reunir energías para seguir en la lucha por conquistar algo bueno y noble que merece lo mejor de nuestra vida.

La sociedad necesita corazones que no se rindan ante las pruebas, que no se acobarden ante los reproches, que no se hundan entre lamentaciones y “quisieras” sin decisiones concretas. El mundo necesita hombres y mujeres con una esperanza ardiente, llena de luz, llena de valentía, que sepan mirar más allá de las dificultades para renovar la lucha, a pesar de las heridas que la batalla va dejando en la propia carne.

Desde la fe cristiana, sabemos que la meta verdadera y feliz a la que todo ser humano es invitado se llama Dios, que es Padre y Redentor. Y porque reconocemos que el Hijo de Dios quiso pasar por el dolor humano, tomó nuestra carne débil y sufriente, recorrió nuestros caminos polvorientos y sintió la sed tras la larga marcha de la vida, también sabemos que la esperanza cuenta con el mejor de los Amigos, de los aliados, de los compañeros.

No somos peregrinos ilusos que van tras un espejismo de engaños. Somos bautizados tocados por una Cruz que no fue la última página de la historia, sino el culmen del Amor bañado de esperanza.

Tras la tristeza del Gólgota viene la alegría de la Pascua. Esa es la gran esperanza que tenemos los cristianos, por la que caminamos entre luces y sombras, entre obstáculos y caídas.

Los ojos del alma miran hacia el frente, llenos de esperanza. Descubren así un horizonte en el que brilla la aurora que nos invita a dar nuevos pasos en la lucha por el bien, por la verdad, por la justicia, por el amor eterno.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...