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miércoles, 18 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 18 OCTUBRE 2017


Lecturas bíblicas de hoy Miércoles 18 octubre 2017
Vigésimo octava semana del Tiempo Ordinario - Año Par

Hoy es: San Lucas Evangelista (18 de Octubre)
“ Estáis cerca del Reino de Dios ”



Primera lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,9-17a:
Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso.
El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.

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Salmo
Sal 144,10-11.12-13ab.17-18 R/. 

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, 
que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, 
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres, 
la gloria y majestad de tu reinado. 
Tu reinado es un reinado perpetuo, 
tu gobierno va de edad en edad. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos, 
es bondadoso en todas sus acciones; 
cerca está el Señor de los que lo invocan, 
de los que lo invocan sinceramente. R/.

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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. 
Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

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Reflexión del Evangelio de hoy

El Señor me dio fuerzas para anunciar íntegro el Evangelio
El autor de este texto se sitúa en los últimos días de Pablo, quizá como recurso para reforzar su autoridad. Sus letras trasmiten sentimiento de soledad ante el previsible fin, pues unos lo han abandonado por la dureza del momento y otros han sido enviados a misionar. Lucas es el que permanece a su lado. En este estado de cosas, quiere tener consigo a Timoteo, a quien encarga venga con Marcos, de cuyo abandono en el primer viaje no guarda mal recuerdo. Añade un recado personal: que le traigan la capa y los pergaminos, que bien le vendrán para el inminente invierno. Le sobrevienen, además, dos recuerdos no muy alegres: el proceder de Alejandro y la soledad en la que le dejaron sus colaboradores en una, para el autor, falta de lealtad. El apóstol, no obstante, lo afirmado, no se arredra porque bien sabe, y así lo atestigua, que siempre ha tenido la ayuda de Dios Padre para anunciar el evangelio de Cristo Jesús, incluso ante auditorios y tribunales paganos. No está lejos la meta de su quehacer apostólico, y es de agradecer la sinceridad: la salvación que ha recibido de Dios por su fidelidad al Evangelio de Jesús es la que le conduce al reino de Cristo el Señor. Experiencia dura y difícil, lo que no obsta para dejarnos un testimonio creyente de fidelidad al amor de Dios y a la Palabra de su Hijo más allá de obstáculos y sinsabores.

Estáis cerca del Reino de Dios
El evangelio de Lucas alude a la misión de los Doce, y completa la acción apostólica con el envío de los setenta y dos que, de dos en dos,  Jesús ordena que vayan cual mensajeros o precursores. Hágase una lectura literal o simbólica, lo cierto es que es indudable la intención misionera y universal que rezuma todo el evangelio de Lucas: la Palabra de Dios debe ser conocida por todo el mundo porque para la salvación de todas las personas ha puesto Dios su tienda entre nosotros. El propósito del envío es que preparen los caminos que después recorrerá el Maestro; la estrategia no puede ser otra que la austeridad y sencillez para que quede siempre patente que la fuerza está en Dios Padre y nunca en la persona que presta su voz a la Palabra; los procedimientos a desarrollar están indicados con claridad: dad vida, trabajad la salud de la gente, ayudad a vivir, anunciad contra viento y marea la cercanía de Dios Padre con todos, en especial con los pequeños y sufrientes. En una palabra, adelanten la presencia de Jesús de Nazaret con todos los que esperan y necesitan la venida del Dios-con-nosotros. Y tengan bien claro que en el salario del apóstol está, puede estar, el rechazo y la incomprensión. Es el momento para renovar la confianza en aquel que nos ha enviado y disfrutará con todos los apóstoles y misioneros la alegría vivida por anunciar la Palabra que da vida y faculta a todo hijo de Dios a manifestarse fuerte frente al mal.  

Misericordia es una experiencia creyente que asociamos felizmente a San Lucas y su evangelio. Compañero de Pablo en su misión nos ha dejado en su evangelio las páginas que más y mejor nos hablan de la ternura cercana de un Dios que prefiere ejercer siempre de Padre.

¿Cómo nos entrenamos en la fuerza que da la confianza en Dios para superar las dificultades de la comunidad en su testimonio y predicación?


Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)

martes, 17 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 17 OCTUBRE 2017


Lecturas bíblicas de hoy Martes 17 Octubre 2017
Vigésimo octava semana del Tiempo Ordinario - Año Impar

 Hoy es: San Ignacio de Antioquía (17 de Octubre)

“ El evangelio es fuerza de salvación de Dios ”


Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1,16-25)

Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.» Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras. Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.

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Salmo
Sal 18,2-3.4-5 R/. El cielo proclama la gloria de Dios

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.

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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,37-41)

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»

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Reflexión del Evangelio de hoy
El evangelio es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree
San Pablo, que no se avergüenza del evangelio y del Señor del evangelio,  dirigiéndose a los romanos nos habla de dos clases de personas. Los que aceptan por la fe a Dios y encuentra ahí su salvación. “El justo  vivirá por su fe”.

Pero para San Pablo hay otro grupo de hombres, los que habiendo conocido y llegado a Dios por las obras que ha hecho y que “Dios mismo se lo ha puesto delante”, sin embargo, le rechazan y “tienen la verdad prisionera de la injusticia”. “Alardeando de sabios, resultaron necios que cambiaron la gloria de Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles”.

En tiempo de san Pablo y en nuestro tiempo, hay quienes desechan al Dios verdadero y adoran, en diversas versiones, a otros seres, a distintas creaturas. Gran equivocación, pues dioses no hay más que uno, el Dios presentado por Jesucristo, el único que puede ayudar al hombre, con su luz, con su amor, a vivir con sentido, con esperanza, con alegría, a encontrar la salvación y alejarse de la perdición. 

Limpiar la copa por fuera y rebosar por dentro de robos y maldades
 Sabemos la importancia que los guardianes de la religión judía daban a los preceptos legales. Había hasta 613 mandatos que regulaban minuciosamente la vida del fiel judío. Muchos de ellos eran prescripciones externas, y el peligro era quedarse en lo  externo y olvidarse de lo interior. La gran innovación de Jesús fue dar mucha más importancia al interior de la personas que a lo exterior, a lo de fuera. De muchas maneras tocó Jesús este tema. El árbol bueno da frutos bueno, el árbol malo da frutos malos. El corazón bueno da frutos buenos, el corazón malo da frutos malos. El corazón es el centro de las decisiones y acciones del hombre. De él, del interior de la persona, brotan los actos buenos y los actos malos. Por lo que hay que cuidar es nuestro interior, nuestro corazón. Cuando el fariseo que había invitado a comer a Jesús se sorprende de que Jesús no se lave las manos antes de comer, como estaba mandado por la ley, le dijo: “Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades”.

Celebramos hoy la fiesta de San Ignacio de Antioquía que murió el año 107. Famosas las cartas que escribió camino del martirio, donde expresa su fuerte deseo del encuentro pleno con Dios. Pide a su fieles que no hagan nada que impida ser martirizado, pues “soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras… todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó”. 


Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)

lunes, 16 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY LUNES 16 OCTUBRE 2017


Lecturas bíblicas de hoy Lunes 16 Octubre 2017
Vigésimo octava semana del Tiempo Ordinario - Año Impar


“ No se le dará a esta generación más signo que el de Jonás ”


Primera lectura
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (1,1-7)
Pablo, sirvo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
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Salmo
Sal 97 R/. El Señor da a conocer su victoria
Cantad al Señor un cantico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,29-32)
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

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Reflexión del Evangelio de hoy

Signos. Milagros

Cuando los judíos parece que buscan milagros más contundentes, signos, de alguna forma, apocalípticos, Jesús, decepcionado, lo desaprueba, diciendo: “Esta generación es una generación perversa”. ¿Por qué este desacuerdo? No sé si será simplificar demasiado el problema, pero parece claro que “los caminos de Jesús, no eran los suyos; y sus planes, no eran los de ellos”. Querían pan para saciar su hambre y Jesús se lo dio. Enfervorizados, quieren convertirlo en rey, pero se escabulle y desaparece. “Me buscáis, no porque habéis visto los milagros, sino porque comisteis los panes hasta saciaros” (Jn 6,26).

A Jesús se le conmovían las entrañas viendo la falta de humanidad que existía en muchas personas israelitas. Y, para ayudar y estar cerca de aquellas personas les dirigió las parábolas más bellas y conmovedoras que encontró apropiadas para ellos. Les muestra el rostro compasivo y misericordioso de su Padre Dios. Pero, desconcertó más ver a Jesús no sólo hablando sino acercándose a todos: niños, mujeres, enfermos, publicanos, pecadores. Para todos tenía, además de las mejores palabras, los gestos más cercanos y compasivos: curando, liberando, perdonando, en una actividad auténticamente febril.

Jesús hoy se queja de que todo esto no les baste y pidan más signos, como si no fueran suficientes los milagros y su vida entregada totalmente a la misión. Y les dice que recapaciten, que de los signos que ellos buscan no van a tener más que el de Jonás.

El signo de Jonás
Jesús, conocedor del deseo de la gente, no sólo no lo tiene en cuenta sino que califica a los que sólo buscan signos y milagros como si fueran fuegos de artificio, de personas malas, perversas. Y se lo explica. “No tendrán más signo que el de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación”.

¿En qué consistió el signo de Jonás? En ir gritando por toda la ciudad –una ciudad pagana- que cambiaran de vida, que se convirtieran y Dios les perdonaría. Y los ninivitas, desde el Rey hasta el último súbdito, hicieron caso a Jonás, practicaron ayunos y penitencias en señal de conversión, y Dios les perdonó. Lo mismo va a suceder con él, el Hijo del hombre. Este va a ser su signo; el único que les va a salvar: que crean en el Reino, y que, creyendo, lo acojan; y en ese reino encontrarán ellos y todos los que a lo largo de la historia se alisten en sus filas el perdón misericordioso de Dios.

El signo del Hijo del hombre se resume en dos palabras: conversión y, convertidos, Reino de Dios. Convertirse es dejarse de pedir signos, milagros y manifestaciones especiales, y, como María en Betania, colocarse a los pies del Señor, escuchar su Palabra, intuir su voluntad, y, como Marta, una vez acogida o, al menos, intuida, movernos sin descanso para hacerla vida en nosotros. Eso es el Reino de Dios: sentirse de los suyos, felices en su compañía o llevando a cabo su encomienda; y con una paz tan especial que, deseando y propiciando “hacer discípulos de todos los hombres”, respetemos con la misma fuerza a cuantos no piensen o actúen como nosotros.

¿Soy de los que piden o desean “signos” o de los que buscan convertirse?
¿Me preocupo de conocer la forma que usa hoy “el Hijo del hombre” para ser signo para nosotros?


Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino

domingo, 15 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 15 OCTUBRE 2017


Lecturas de hoy Domingo 28º del Tiempo Ordinario - Ciclo A
 Hoy, domingo, 15 de octubre de 2017




Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 22, 1-6

R/. Habitaré en la casa del Señor
por años sin término

El Señor es mi pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar; 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas. R/. 

Me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre. 
Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tú vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/. 

Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa. R/. 

Tu bondad y tu misericordia me acompañan 
todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término. R/.
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Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,12-14.19-20):

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy domingo, 15 de octubre de 2017
Fernando Torres cmf


¿Se puede ir a un banquete con cara de pocos amigos?

      El otro día me invitaron unos amigos a comer en su casa. Cuando llegué, me encontré que había unos cuantos matrimonios reunidos. Era un grupo de amigos y familiares. Todos compartían la comida en amistad. Todos, menos una mujer que permanecía en silencio. Un poco ausente y con cara de pocos amigos. Alrededor de ella se notaba que el ambiente estaba un poco más frío. La parte más animada de la fiesta estaba en el lado opuesto a donde estaba ella. Y si ella se movía, parecía que llevase consigo la frialdad y el aburrimiento. No era difícil fijarse en ella. Ciertamente llamaba la atención. No nos aguó la fiesta. Pero poco faltó. 

      El Evangelio de hoy nos habla también de una fiesta. Un rey que organiza las bodas de su hijo. Eso sí que debía ser una auténtica fiesta. Pero resulta que los invitados no quieren ir. El primer inconveniente. Desprecian el banquete preparado por el rey. Tanto que el rey decide buscar otros invitados. Y vienen. Claro que sí. La gente no desprecia un banquete ni una fiesta. Es la expresión de la alegría y el gozo, de la abundancia y la plenitud. Lo que nos sorprende es la actitud final del rey. ¿Por qué echa a ese invitado que se había olvidado de llevar un traje adecuado? Esto que hoy nos relata el Evangelio es una parábola de Jesús. Se supone que el rey es Dios que invita a todos los hombres y mujeres a su banquete. Entendemos que se queden fuera los que no quieren ir, los que expresamente rechaza la invitación. Pero, ¿cómo es posible que Dios eche a alguien? ¿No está eso en contra de esa imagen de Dios Padre que acoge a todos y perdona todo?

      La verdad es que Dios no echa a nadie. No expulsa a nadie. Somos nosotros los que no entramos de verdad en la fiesta. Cuando ponemos cara de pocos amigos, nosotros mismos nos excluimos de la fiesta. Pasa como con aquella mujer de la historia. En torno a ella se creaba un ambiente de frialdad. Cerca de ella no había fiesta. Era como una especie de virus infeccioso que hacía que los que estaban cerca de ella no pudiesen celebrar ni gozar. 

      En nuestras manos está el entrar a participar en el banquete de la vida al que Dios nos invita. Pero tenemos que saber vestirnos para la ocasión. La fraternidad, la sonrisa, la justicia, son las ropas que nos adornarán y que harán la fiesta posible. No vaya a ser que le agüemos la fiesta a Dios y a nuestros hermanos.



Para la reflexión

¿Estamos siempre preparados para el banquete de Dios? ¿Tenemos suficiente justicia, fraternidad, compasión, misericordia y alegría como para vestirnos, como para compartir? ¿Qué hacemos para que nadie se quede sin su vestido?

miércoles, 11 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 11 OCTUBRE 2017


Lecturas de hoy Miércoles de la 27ª semana del Tiempo Ordinario
 Hoy, miércoles, 11 de octubre de 2017



Primera lectura
Lectura de la profecía de Jonás (4,1-11):.

Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.»
Respondióle el Señor: «¿Y tienes tú derecho a irritarte?» 
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer. 
Deseó Jonás morir, y dijo: «Más me vale morir que vivir.» 
Respondió el Señor a Jonás: «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?» 
Contestó él: «Con razón siento un disgusto mortal.»
Respondióle el Señor: «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?»

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 85,3-4.5-6.9-10

R/. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, 
que a ti te estoy llamando todo el día; 
alegra el alma de tu siervo, 
pues levanto mi alma hacia ti. R/.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, 
rico en misericordia con los que te invocan. 
Señor, escucha mi oración, 
atiende a la voz de mi súplica. R/.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; 
bendecirán tu nombre: 
«Grande eres tú, y haces maravillas; 
tú eres el único Dios.» R/.

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.» 
Él les dijo: «Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy miércoles, 11 de octubre de 2017
Ciudadredonda


El padrenuestro

En la ladera del Monte de los Olivos se nos recuerda, en una sinfonía de lenguas, la escena del Evangelio: “Enséñanos a orar”, suplican los discípulos. “Decid así”, responde el Maestro. Es la oración del Señor; por eso es sublime y es modelo; tan breve, tan directa, tan filial. Lejos de esas oraciones largas, pringosas, moralizantes, con las que los hombres pretendemos arrancar de Dios su benevolencia.
El Padrenuestro es “el resumen de todo el Evangelio” (Tertuliano). “Es el corazón de las sagradas escrituras” (Catecismo). Es la oración de la Iglesia. Las primeras comunidades han de recitar esta oración tres veces al día (Didaché).
Como en una pieza musical, todo se entiende desde su obertura: “Padre que estás en los cielos”. Ya está dicho todo. Porque es nuestro Padre, queremos su Reino y nos llenamos de confianza para pedir. Es el Padre de todos; aunque rece en solitario, siempre rezo en plural. Pero brilla mejor en comunidad: en el Bautismo, antes de comulgar, al acabar la Liturgia de la Horas.

Dos peticiones primeras: que venga el Reino; que se haga la voluntad de Dios. Es la causa de Dios. Está a la base de toda nuestra oración: el nombre, el Reino, la voluntad de Dios, ante todo. Porque amamos a Dios queremos lo mejor, expresado en estos verbos: santificado, venga, hágase. Cuando penetramos en el misterio de nuestro Bautismo, y nos sentimos hijos del Padre, qué bien entendemos nuestras ganas de que Dios “sea conocido, amado y servido” (Claret).
En la segunda parte del Padrenuestro nos jugamos la causa del hombre. ¿Cómo podríamos separar la causa de Dios y la causa de sus hijos?  Pan y perdón pedimos. Ese pan, necesario para poder edificar el Reino que, antes, hemos suplicado. Porque oramos en verdad, nos acordamos de los que pasan hambre de ese pan, que también son hijos del mismo Padre.  Y el perdón. Como el hijo de la parábola, lo reconocemos: “Hemos pecado contra ti”. Lo bueno es que no se nos ocurre decir: “No  nos trates como hijos tuyos” sino que con confianza repetimos mil veces: “Padre, perdona nuestras ofensas”.
Igual que reza el Padrenuestro el niño con su madre, al acostarse. Así.

martes, 10 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 10 OCTUBRE 2017


Lecturas de hoy Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario
Hoy, martes, 10 de octubre de 2017



Primera lectura
Lectura del libro de profeta Jonás (3,1-10):

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. 
Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 129

R/. Si llevas cuentas de los dleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?

Desde el lo hondo a ti grito, Señor; 
Señor, escucha mi voz; 
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuentas de los doleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

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Evangelio de hoy
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10,38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 
Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy martes, 10 de octubre de 2017
Ciudadredonda


Silencio y servicio

Acción y contemplación, Marta y María, servicio y silencio. Qué claro lo tenemos, y cuánto nos cuesta vivirlo. Ojalá el santo de hoy, Francisco de Asís, nos recuerde con su “Cántico de las criaturas” que van, a la vez,”Tú eres digno de toda bendición, loado seas” y “Los que perdonan y aguantan por tu amor”. Una misma actitud con dos caras.

Lo reafirma el lenguaje popular y religioso: “A Dios rogando y con el mazo dando”, “Ora et labora” (Trabaja y reza). Es nuestra condición cristiana: Dios y el hombre, visible e invisible, verdadero Dios y verdadero hombre, signo y misterio.

Dicen los entendidos en la sabiduría del hombre que alcanzar la unidad personal, desde tantos campos dispersos, es una señal de madurez. Qué bien se entiende esto contemplando a una religiosa que se levanta de mañana y se recoge largamente en oración con su comunidad, y luego se entrega, con pasión y sin tiempo, al enfermo, al niño que educa o al indiferente a quien evangeliza.

Las dos hermanas, en el fondo, coinciden. María escucha al Maestro. Es la  mejor parte, pero no la única. María escucha no la ley sino al que es la misma Palabra de Dios. Una palabra que insiste: amaos, dad de beber al sediento. (Cuando la mujer no podía acudir a la sinagoga ni estudiar la ley, Jesús es su Maestro). No podemos distorsionar la palabra de Jesús, para sacar otras conclusiones, como ocurre con otra palabra de Jesús en Betania: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros”. Distorsionar significa cercenar, desde estos dichos de Jesús, el compromiso social y el servicio a los demás.  Marta, como el discípulo amado con la madre de Jesús, lo recibe en su casa, presta hospitalidad  a Jesús: “Lo recibió, y se multiplicaba por servir”. Jesús mismo lo hacía muy bien: por la noche, oraba; por la mañana, bajaba a curar a la gente.

A nosotros nos toca saber escuchar y saber hospedar. La dimensión contemplativa es una llamada al silencio, al asombro, a la sorpresa, a la reflexión, a la interiorización, a la profundidad. En la escucha del Evangelio, oímos, a la vez: “Escuchadle” y “Dadles vosotros de comer”. Por otra parte, si Jesús vino a servir y no ser servido, ¿qué otra cosa podemos hacer sus seguidores sino hospedar a todos “desde el corazón”? Un escritor religioso afirma que Cristo es “la suma actividad sosegada”. De un obispo misionero es esta oración a María: “Quédate con nosotros, con el Espíritu que te fecundaba en la carne y en el corazón. El mundo se ahoga en el mar del ruido, y no es posible amar a los hermanos sin un corazón callado y atento. Haznos comprender que el servicio sin silencio es alienación, y que el silencio sin entrega es comodidad. Envuélvenos en el manto de tu silencio y comunícanos la fuerza de la fe, la altura de tu esperanza y la profundidad de tu amor”.

lunes, 9 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY LUNES 9 OCTUBRE 2017



Lecturas de hoy Lunes de la 27ª semana de Tiempo Ordinario
Hoy, lunes, 9 de octubre de 2017




Primera lectura
Comienzo de la profecía de Jonás (1,1–2,1.11):

Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: "Su maldad ha llegado hasta mí."» Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente. 
El capitán se le acercó y le dijo: «¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos.» 
Y decían unos a otros: «Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.»
Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: «Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?» 
Él les contestó: «Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.» 
Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: «¿Qué has hecho?» Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado. 
Entonces le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?» Porque el mar seguía embraveciéndose. 
Él contestó: «Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta.» 
Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres.» 
Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

Palabra de Dios

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Salmo
Jon 2,3.4.5.8

R/. Sacaste mi vida de la fosa, Señor

En mi aflicción clamé al Señor 
y me atendió; 
desde el vientre del abismo pedí auxilio, 
y escuchó mi clamor. R/. 

Me arrojaste a lo profundo en alta mar, 
me rodeaban las olas, 
tus corrientes y tu oleaje 
pasaban sobre mí. R/.

Yo dije: «Me has arrojado de tu presencia; 
quién pudiera ver de nuevo tu santo templo.» R/. 

Cuando se me acababan las fuerzas 
me acordé del Señor; 
llegó hasta ti mi oración, 
hasta tu santo templo. R/.

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» 
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?» 
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» 
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» 
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» 
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» 
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy lunes, 9 de octubre de 2017
 Ciudadredonda


Quién es mi prójimo.

No importa que el maestro de la ley, metido en la casuística estéril, fuese a cazar a Jesús, en lugar de dirigirle una pregunta humilde, con ganas de saber.  Jesús se detiene en la respuesta. Es que estaba en juego el meollo de su mensaje: así hay que amar a los demás.

Hay que abandonar urgentemente tantos escapismos, y descender a lo que verdaderamente importa: “Haz tú lo mismo, y tendrás vida”. El hablar mucho, los grandes discursos pueden ser un mecanismo que oculta nuestra pereza y egoísmo. Al prójimo lo encontramos en seguida: hay muchos hombres “heridos” en nuestro camino, como en la bajada de Jerusalén a Jericó. Lo demás nada importa; ni las ideas, ni la sangre, ni el origen del herido.

Hay una regla de oro y exactísima para medir al que se comporta como prójimo: “El que practicó la misericordia con él”. En la secuencia de verbos con los que el Maestro describe la obra de misericordia está todo muy claro: “Lo vio, le dio lástima, se le acercó, le ungió con aceite y vino, le vendó la herida, lo montó en la cabalgadura y lo llevó a la posada, corriendo con todos los gastos”. Tristemente, los hombres del culto, el sacerdote y el levita, dan un rodeo. No quieren mancharse con la impureza de tocar al herido. Es la misma tentación que nos acecha a todos: “Pasar de largo, dar un rodeo”. Acaso un rodeo también ideológico. Decimos que no nos toca, que para eso están las instituciones sociales, que venga su familia o la cáritas parroquial; incluso, a veces, se no viene aquello de “lo tiene bien merecido” por sus pecados, por sus convicciones, por tantas cosas. No pensó así el extranjero, el pagano, el que no era observante de la ley. Hasta dirá alguno que Jesús se muestra aquí “demasiado mordaz”.

Al prójimo herido no lo escogemos nosotros. Se nos mete en nuestra vida, nos lo encontramos en el enfermo, en el explotado, en el que sufre, en el que no cuenta nada en la sociedad. Siempre corremos el riesgo de dar rodeos. Por ejemplo, buscamos al prójimo lejano, y olvidamos al que tenemos cerca. Pensamos en el tercer mundo, en los problemas del medio ambiente, hasta hablamos de la “civilización del amor”; esto está bien, pero, siempre, empezando por el que nos encontramos en el camino, por sorpresa y de inmediato, el que cambia nuestros planes. Hacernos trabajadores de una famosa ONG, y luego olvidar al herido con el que me encuentro a cada hora es una hipocresía. De la misma manera, es peligrosa la tentación de que se nos llene la boca con palabras grandilocuentes: paz, solidaridad, compromiso, compartir, profecía… mientras el abandonado en el camino lo que necesita es ser visto, cercanía y curación.
Jesús nos repite: “Haz tú lo mismo”.

domingo, 8 de octubre de 2017

EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 8 OCTUBRE 2017


Lecturas de hoy Domingo 27º del Tiempo Ordinario - Ciclo A
Hoy, domingo, 8 de octubre de 2017



Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (5,1-7):

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios

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Salmo
Sal 79,9.12.13-14.15-16.19-20

R/. La viña del Señor es la casa de Israel

Sacaste una vid de Egipto, 
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. 
Extendió sus sarmientos hasta el mar, 
y sus brotes hasta el Gran Río. R/.

¿Por qué has derribado su cerca 
para que la saqueen los viandantes, 
la pisoteen los jabalíes 
y se la coman las alimañas? R/. 

Dios de los ejércitos, vuélvete: 
mira desde el cielo, fíjate, 
ven a visitar tu viña, 
la cepa que tu diestra plantó 
y que tú hiciste vigorosa. R/. 

No nos alejaremos de ti: 
danos vida, para que invoquemos tu nombre. 
Señor, Dios de los ejércitos, 
restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. R/.

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Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,6-9):

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios

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Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» 
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

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Comentario al Evangelio de hoy domingo, 8 de octubre de 2017
 Fernando Torres cmf


¡Quédate con nosotros, Señor!

      Cualquier campesino nos podría hablar largo y tendido de lo que significa de verdad cuidar los campos. Son muchos los trabajos, las preocupaciones, los sudores que se lleva consigo una buena cosecha. Es como hacer una inversión a largo plazo y con mucho riesgo. Porque hay una serie de elementos que el dueño de la tierra no es capaz de controlar. Por su parte puede poner todo el trabajo y cuidado posible. Pero no puede controlar el clima, las heladas o las sequías. Tampoco puede controlar cómo van a trabajar los empleados. Al final, todo se tiene que confiar un poco a la providencia, a la mano de Dios. No puede ser de otra manera. Cualquier campesino nos lo dirá.

      El Evangelio de hoy cuenta la historia de un terrateniente que quiso cuidar sus campos. Los cuidó lo mejor que pudo. Pero se tuvo que ir y los trabajadores que dejo al cargo de la viña se creyeron que eran los dueños. Quisieron quedarse con los frutos. Hasta el punto de que, cuando el amo envió a sus criados a buscar la cosecha, los mataron. Se atrevieron a matar incluso a su hijo. El señor se enfadó y con razón. 

      Miremos nuestras manos y nuestras vidas. La humanidad, nuestra familia, nuestra vida es la viña del Señor. La ha creado y cuidado con amor. Y la ha puesto en nuestras manos. Somos responsables de recoger la cosecha, de vivir nuestra vida en fraternidad, en amor, en comprensión y en justicia. El fruto que Dios quiere es la vida del hombre, es nuestra vida. No somos dueños de ella. Es un regalo que Dios nos ha dado y que nos pide que cuidemos de él con amor, que lo hagamos crecer en libertad y fraternidad. 

      Hoy le vamos a pedir al Señor que no nos abandone, que no sea como el amo de aquella tierra, que se tuvo que ir y dejó a los trabajadores solos. Para que no caigamos en la tentación de creernos que la vida es nuestra. Para que todas las mañanas sepamos mirarle a los ojos al empezar el día y reconocer a nuestro Dios y Creador y le digamos que vamos a seguir trabajando en su viña, para hacer un mundo más justo, más humano, más fraterno. Porque ese es el fruto que el quiere que demos. Le vamos a pedir que nos acompañe a lo largo de esta semana que empieza, para que nunca nos sintamos lejos de su presencia misericordiosa, para que nunca caigamos en la tentación. 


Para la reflexión

      ¿De qué modo cuidamos la viña en que nos ha puesto el Señor? ¿Tratamos de cuidar y promover la vida que el Señor ha puesto en nuestras manos? ¿Y la vida de nuestros hermanos y hermanas? ¿Le damos las gracias todos los días por ese inmenso regalo?
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